Las obras públicas en la América Española

En esta entrada de Ingenia Viarum nos adentramos una vez más en la historia de la ingeniería, teniendo en cuenta que en este caso y andando los siglos pretéritos, es cada vez más difícil disociar la propia historia de las carreteras o calzadas, de la del resto de obras civiles (especialmente puentes), y aún de la propia ingeniería militar.

En este sentido hemos estado estudiando la Recopilación de las Leyes de Indias (1680), apelativo con el que se conoce en España a todas las disposiciones, órdenes, decretos y leyes que estuvieron vigentes en la América Española con carácter general entre 1516 y 1824, y con carácter particular entre la fecha de su disposición y el fin de la soberanía española en América, y lo que ellas disponen en lo tocante a las obras públicas, los trabajos de construcción, conservación y el papel del ingeniero.

Las Leyes de Indias emplean las denominaciones de “obras públicas”, “calzadas, puentes, caminos”, y “fábricas y fortificaciones”. En el último caso hay que entender la referencia conjunta a la ingeniería civil (fábricas como calzadas empedradas, u obras de fábrica como puentes) y a la ingeniería militar (fortificaciones).

Una cuestión importante, a los efectos de desterrar leyendas negras y tomar las cosas en su justa medida, diremos que las Leyes de Indias instauran en las obras públicas de los dominios españoles varios derechos no contenidos en las legislaciones occidentales modernas de otras naciones hasta el siglo XIX y aún el primer tercio del siglo XX:

  • El descanso dominical, extendido no solamente a españoles peninsulares sino a indios, negros y mulatos
  • La jornada de 8 horas en las obras, reducida los sábados a 7 horas para hacer las cuentas y pagar los jornales a los trabajadores
  • El derecho de los indios a ser empleados voluntariamente en las obras y pagados por su trabajo

En cuanto al trabajo del ingeniero, las Leyes de Indias le reconocen tanto en fábricas (obras civiles) como en fortificaciones, competencia general y absoluta para dirigir todo lo concerniente a la obra, entre otras cosas:

  • El marcado de estacas y el tiro de alineaciones conforme al plano de proyecto
  • La designación de zonas de préstamo, origen y acarreo de los materiales
  • La organización de los trabajos y disposición de las cuadrillas en los tajos
  • La distribución de las ocho horas laborables entre mañana y tarde como más conviniere para evitar el rigor del sol en verano y el frío en invierno
  • El cálculo de costes y elaboración de presupuestos de la obra, en presencia de los oficiales del Rey
  • La inspección de los trabajos

Las Leyes de Indias reconocen al ingeniero como una autoridad absoluta en la obra, cuya potestad únicamente estará limitada por los oficiales de la Real Hacienda en lo referente a salarios y costes de la obra.

En lo tocante a las administraciones públicas, se impone la obligación a los regidores de visitar las obras, así como de conservar los caminos y calzadas. Especial énfasis ponen los monarcas españoles en la buena gestión de los fondos destinados a las obras, en el sentido de que lo consignado en origen realmente llegue íntegro a su destino, y así como en el rigor y pulcritud que deben observar los oficiales del Rey en el manejo de los recursos públicos.

Sin mayor introducción, damos paso a la transcripción de las Leyes de Indias referentes a las obras públicas en la América Española.

Camino Real de Honda a Santa Fe de Bogotá (Colombia), a su paso por Villeta, construido entre 1560 y 1570

COMPETENCIAS Y AUTORIDAD DEL INGENIERO. RÉGIMEN LABORAL DE LOS TRABAJADORES

Libro I. Título I. De la Santa Fe Católica
Ley XVII.
El Emperador Don Carlos y el Príncipe Don Felipe, Gobernador, en Valladolid a 21 de septiembre de 1541. Y el cardenal gobernador en Fuensalida a 26 de octubre de 1541.
Que los indios, negros y mulatos no trabajen los domingos y fiestas de guardar

Mandamos que los domingos y fiestas de guardar no trabajen los indios, ni los negros, ni mulatos, y que se dé orden que oigan todos misa y guarden las fiestas como los otros cristianos son obligados, y en ninguna ciudad, villa o lugar los ocupen en edificios ni obras públicas, imponiendo los prelados y gobernadores las penas que les pareciere convenir a los indios, negros y mulatos y a las demás personas que se lo mandaren, lo cual se ha de entender y entienda en las fiestas que, según nuestra Santa Madre Iglesia, concilios provinciales o sinodales de cada provincia, estuvieren señaladas por de precepto para los dichos indios, negros y mulatos.

Libro III. Título VI. De las Fábricas y Fortificaciones
Ley IV.
Don Felipe III en Madrid, a 2 de febrero de 1612
Que en las fábricas y fortificaciones guarden los ingenieros lo que esta ley dispone

Porque es propio del oficio de ingeniero poner en ejecución las fábricas y fortificaciones que se mandaren hacer, conforme a las trazas que se aprobaren y hubieren de ejecutar, el ingeniero a cuyo cargo estuvieren ha de tirar las cuerdas y poner las maestras con ayuda del maestro mayor, aparejador y oficiales que fueren necesarios, los cuales han de depender del ingeniero, y obedecerle en esto y en todo lo que les ordenare, y pues el ingeniero debe tener conocimiento de la calidad de materiales que en cada parte de la obra son a propósito, y de que sitios y lugares se han de llevar, y a dónde se han de acarrear y descargar para que estén más cerca de la fábrica, y en qué tiempos se han de apercibir y usar de ellos; mandamos que en esto se guarde la orden que el ingeniero diere, el cual tenga la atención que conviene a nuestro Real servicio, y al beneficio de nuestra hacienda.

Plano de proyecto del fuerte de El Morro en La Habana. Juan Bautista Antonelli (1585)

Si la fábrica, acarreo de materiales, aderezo de murallas, hacer ahondar fosos y otras cosas semejantes, se tomaren a destajo y fuere menester comprar clavazón, herramientas y materiales, mandamos que los precios de ellos los haga el ingeniero en presencia del capitán general, gobernador, corregidor o ministros nuestros que hubiere en las partes y lugares adonde se hicieren fortificaciones, con intervención de los oficiales de nuestra hacienda, porque tengan la cuenta y razón que conviene.

Y siendo el ingeniero el que lleva el peso de la fábrica y el gobierno de ella, además de la noticia que ha de tener de la traza y conocimiento que para llevarla adelante se requiere, de forma que llegue a perfección, y sabe la suficiencia de cada uno y la necesidad de acudir más a una que a otra parte, ha de tocar al ingeniero ordenar al maestro mayor, aparejador y oficiales de cantería, albañilería y carpintería lo que han de hacer, y en qué se han de ocupar, y en qué parte han de trabajar, pues conocerá mejor sus habilidades, y el número de oficiales y peones que en cada parte se han de emplear, y también ha de reformar y acrecentar oficiales y peones en las obras conforme a la necesidad de ellas, y diligencia de los que trabajan, y en esto ha de resolver por sí solo.

Y porque acontece las más veces ser necesarios en las fábricas sobrestantes, el advertir que son menester éstos, y cuántos, y el acrecentar y disminuir el número de ellos ha de tocar al ingeniero, pero el recibirlos y señalarles los salarios y de los oficiales, maestros y peones, es nuestra voluntad que lo haga el capitán general, gobernador o corregidor de la parte donde se hiciere la obra, al cual mandamos que no pueda señalar salario a sobrestante ni a otro ningún oficial de cualquier género que sea sin comunicarlo con el ingeniero, y tomando su parecer, pues tendrá mejor conocimiento de las personas, y si se debe despedir a alguno por inhábil o por otra causa.

También ha de ser a cargo del ingeniero señalar la hora en que los oficiales, sobrestantes y peones que trabajaren en las obras han de entrar y salir de ellas, conforme a la calidad de los tiempos de invierno y verano.

Y porque sería de poco fruto lo referido si no se guardase puntualmente, habiendo el ingeniero de andar continuamente en las obras, como aquel que más tiene a su cargo, ha de notar la tardanza y flojedad de cada uno, para que conforme a lo que él dijere, los oficiales de nuestra Real Hacienda bajen de su sueldo lo que el ingeniero ordenare, porque con esto los que llevaren mejor jornal y salario sean puntuales, y no lo siendo, sean multados.

Puente del Diablo, construido en el trazado del Camino Real de Tierra Adentro, Durango (México)

Para todo lo susodicho es nuestra voluntad que todos y cualesquiera capitanes generales, gobernadores, alcaldes mayores y corregidores de las partes y lugares donde se hubieren de hacer fábricas y fortificaciones, den a los ingenieros todo el favor y auxilio necesario, no permitiendo que se exceda ni pase de lo contenido en esta Ley, y que provean que sean respetados y obedecidos de todas las personas de cualquier género que sean que sirvieren en las obras y fortificaciones, castigando ejemplarmente a los que no lo hicieren, estimándolos [a los ingenieros] y honrándolos como oficiales y criados nuestros; y a los ingenieros mandamos que a nuestros ministros tengan el respeto debido, y con ellos la buena correspondencia e inteligencia que es razón.

Y porque no podía acontecer que el ingeniero principal de alguna fábrica o fortificación fuese a otras partes por no poder asistir en todas las obras, mandamos que esta Ley e instrucción se entienda con cualquier ingeniero que quedare en su lugar.

Ley V.
Don Felipe II, en la dicha Instrucción de 1593, capítulo 7.
Que los oficiales se repartan por cuadrillas con sobrestantes, como se ordena.

Los oficiales y peones que trabajaren en fábricas y fortificaciones se repartan por cuadrillas al principio de cada semana, y el ingeniero ordenará y señalará los sitios y partes donde han de acudir, y con cada cuadrilla de las que hubieren de ir fuera de los sitios se enviará un sobrestante con sueldo moderado, y bastará que asista otro con los que trabajaren en la obra principal, y otros en las demás que hubiere, y estos sobrestantes tendrán cuidado de poner por memoria los que trabajan cada día, y cuáles faltan, o del trabajo de todo el día, o de algunas horas, y los nombrarán los capitanes generales, gobernadores o corregidores de la jurisdicción si por el asiento de la fábrica no se ordenare otra cosa, teniendo cuidado de procurar ahorrar costes en todo lo posible, y de ocupar en esto los oficiales y peones que enfermaren, siendo capaces o en la convalecencia, para que les sirva de alivio y se convierta en ellos el provecho.

Ley VI.
El mismo allí, capítulo 9.
Que los obreros trabajen ocho horas cada día repartidas como convenga.

Todos los obreros trabajarán ocho horas cada día, cuatro a la mañana y cuatro a la tarde en las fortificaciones y fábricas que se hicieren, repartidas a los tiempos más convenientes para librarse del rigor del sol, más o menos lo que a los ingenieros pareciere, de forma que, no faltando un punto de lo posible, también se atienda a procurar su salud y conservación.

Tramo del Camino Real de Panamá en el Parque Nacional de Chagres (Panamá)

Ley XII.
El mismo allí, capítulo 8.
Que los sábados por la tarde se alce de obra una hora antes para que se paguen los jornales

Los sábados por la tarde se alzará de obra una hora antes de lo ordinario, y en esta se recogerá la gente a las rancherías, la de las obras a su puesto, y la de las fortificaciones y fábricas al suyo, y en presencia del comisario de cada puesto y del contador que tuviere el libro de la razón, los sobrestantes irán llamando por sus nóminas a los oficiales y peones de sus cuadrillas, y diciendo las faltas que cada uno hubiere hecho aquella semana, y anotándolo el contador, el cual hará nómina de lo que montaren los jornales de aquella semana descontando las faltas, y ésta la firmará el comisario, y el dicho contador tomará la razón de ella y el pagador irá pagando por la nómina los jornales a cada uno en su mano.

Libro VI. Título XII. Del Servicio Personal
Ley IV.
El Emperador Don Carlos y la Emperatriz Gobernadora, en Medina del Campo a 20 de marzo de 1532. Don Felipe II en El Escorial a 25 de febrero de 1567.
Que los indios puedan trabajar en obras voluntariamente, y sean pagados con efecto

Si los indios quisieren trabajar en edificios, no se les prohíba, págueseles por su trabajo lo que justamente merecieren, no se consienta que reciban vejación si de su voluntad no acudieren a las obras, y sean pagados realmente y con efecto en que no haya fraude.

Libro VI. Título XIII. Del servicio en chacras, viñas, olivares, obrajes, ingenios, perlas, tambos, recuas, carreterías, casas, ganados y bogas
Ley XII.
El Emperador Don Carlos y el Príncipe Gobernador en Valladolid, a 24 de julio de 1548
Que permite alquilarse los indios para las obras a destajo, conque intervenga la justicia

Permitimos que los indios para obras se puedan alquilar a destajo, con que ellos y no sus caciques puedan recibir el precio realmente y con efecto, y se haga a su voluntad con intervención de la justicia, de forma que los españoles no lo puedan hacer por su autoridad.

LA ADMINISTRACIÓN EN LA PLANIFICACIÓN Y CONSERVACIÓN DE LAS OBRAS PÚBLICAS

Libro II. Título XVI. De los Presidentes y Oidores de las Audiencias y Chancillerías Reales de las Indias
Ley X.
El Emperador Don Carlos y la Emperatriz Gobernadora, en Madrid a 27 de octubre de 1535, y Don Felipe IV en esta Recopilación.
Que los presidentes provean lo conveniente a la policía y gobierno de las ciudades, y los oidores no impidan a los cabildos y concejos el cuidado de lo que se declara

Los presidentes ordenen lo que convenga a la buena gobernación y policía de las ciudades y poblaciones de sus distritos, y los oidores no impidan a los cabildos y concejos el cuidado de entender con los españoles e indios en hacer fuentes, puentes, calzadas, alcantarillas, salidas de las calles para las aguas, enladrillar, empedrar, tasar mantenimientos, aderezar caminos y hacer las demás cosas que deben proveer para su conservación, y traten de expedir y librar los pleitos y negocios conforme a su obligación.

Libro III. Título III. De los Virreyes y Presidentes
Ley LIII.
Don Felipe III, en San Lorenzo a 19 de julio de 1614. Don Felipe IV en Madrid, a 18 de febrero de 1628.
Que los virreyes puedan mandar abrir caminos y hacer puentes donde conviniere, y repartir las contribuciones.

Permitimos a los virreyes, que en las partes y lugares donde conviniere, abrir y facilitar caminos, calzadas y hacer y reparar puentes para el uso y comercio de las poblaciones, puedan hacer los gastos que fueren más precisos y necesarios, con el menor coste que sea posible, y que contribuyan para el efecto los que gozaren del beneficio conforme a las leyes de estos reinos de Castilla; y por la parte que han de contribuir los indios, tengan muy especial cuidado de que se les reparta con mucha moderación y atención a su necesidad y pobreza, y a lo determinado por la ley que de esto trata. Y mandamos que las ciudades y concejos no puedan echar contribuciones a españoles ni indios por los gastos que se causaren en la policía.

Plano del trazado del Camino Real de Valdivia a Chiloé (Chile), 1791. Fuente: Ministerio de Cultura. Archivos Estatales

Ley LIV.
Don Felipe en la dicha Instrucción de 1595. Don Felipe III en Madrid a 25 de marzo de 1607. Don Carlos II y la Reina Gobernadora.
Que los virreyes y presidentes moderen los corregimientos y jueces que no fueren necesarios, y no consientan tenientes sino en casos permitidos

Ordenamos a los virreyes y presidentes gobernadores que moderen los corregimientos y alcaldías mayores que no fueren de nuestra provisión y nombramiento, y precisamente necesarios, y a los que conviniere conservar no consientan tenientes sino en los casos permitidos por leyes y ordenanzas, y los corregidores y alcaldes mayores en sus distritos hagan aderezar los caminos y visiten los ingenios y obrajes.

Ley LXIII.
Don Felipe II en la Instrucción de 1595, capítulo 48, y Don Felipe IV, en la de 1628, capítulo 47.
Que los virreyes no consientan se carguen los indios y cuiden de los caminos y obras públicas

Mandamos a los virreyes que guarden sus instrucciones y las leyes ordenanzas dadas sobre prohibir y no consentir que los indios lleven sobre sí cargas por los caminos, y guardando lo proveído averigüen qué repartimientos se hubieren hecho en tiempo de sus antecesores para obras públicas, y qué ha procedido, y qué se ha gastado, y cobren los alcances, y hagan que se empleen en los efectos de su consignación.

Libro IV. Título XVI. De las Obras Públicas
Ley I.
Don Felipe, en Madrid, a 16 de agosto de 1563
Que se hagan y reparen puentes y caminos a costa de los que recibieren beneficio

Los virreyes o presidentes gobernadores se informen si en sus distritos es necesario hacer y facilitar los caminos, fabricar y aderezar los puentes, y hallando que conviene alguna de estas obras para el comercio, hagan tasar el coste y repartimiento entre los que recibieren el beneficio y más provecho, guardando con los indios la forma contenida en la Ley VII, Título XV, de este libro.

Ley II.
El mismo en El Escorial, a 25 de febrero de 1567.
Que en las ciudades donde residiere audiencia se hagan las obras públicas con acuerdo del presidente

Ordenamos que, cuando conviniere hacer alguna obra o edificio público en ciudad donde residiere alguna de nuestras audiencias, concurran para tratar y acordar sobre la necesidad, coste y efectos, el presidente o el oidor más antiguo en gobierno de audiencia y la justicia y regimiento, y así juntos y no de otra forma confieran y resuelvan lo que convenga, y el presidente tenga especial cuidado de lo que se distribuyere en los gastos, y hacer que se tome cuenta de ellos en cada un año, y acabada la obra.

Plano de la trama urbana diseñada para la colonia del Sacramento (Uruguay). Tomás López, 1777. Fuente: Gobierno de Argentina

Ley III.
El Emperador Don Carlos, y la Emperatriz Gobernadora, en Valladolid a 20 de julio de 1538
Que un regidor sea superintendente de las obras públicas

Porque algunas ciudades y villas no tienen propios para dar salario al superintendente y obrero de las obras públicas, mandamos que lo sea un regidor, que las tenga a su cuidado y visite.

Ley IV.
Los mismos en Madrid, a 10 de julio de 1530
Que las obras públicas que se hicieren a costa del concejo sean de provecho

Que las obras públicas que se hubieren de hacer a costa de los concejos o personas particulares o en otra forma, sean de toda firmeza, duración y provecho, sin superfluidad, y los superintendentes sean personas fieles y diligentes.
Que los indios contribuyan para fábrica de puentes, siendo necesarios o inexcusables, ver Ley VII, Título XV, de este libro. Véase la Ley IX del mismo título, y sobre las contribuciones, Ley XIII, Título III, Libro III.

Libro V. Título II. De los gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y sus tenientes y alguaciles
Ley XXII.
El Emperador Don Carlos y la Emperatriz Gobernadora, en Madrid a 12 de julio de 1530.
Que los gobernadores reconozcan la policía que los indios tuvieren, y guarden sus usos en lo que no fueren contrarios a nuestra sagrada religión, y hagan que cada uno ejerza bien su oficio, y la tierra esté abastecida y limpia, y las obras públicas reparadas

Los gobernadores y justicias reconozcan con particular atención la orden y forma de vivir de los indios, policía y disposición de los mantenimientos, y avisen a los virreyes o audiencias, y guarden sus buenos usos y costumbres en lo que no fueren contra nuestra sagrada religión, como está ordenado por la Ley IV, Título I, Libro II, y provean que los ministros y los otros oficiales usen bien, fiel y diligentemente y sin fraude sus oficios, y que la tierra sea abastecida de carnes y pescados y otros mantenimientos a razonables precios, y las cercas, muros, cavas, calles, carreras, puentes, alcantarillas, calzadas, fuentes y carnicerías estén limpias y reparados todos los demás edificios y obras públicas, sin daño de los indios, de que darán cuenta a la audiencia del distrito.

 

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